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6. EN MI JUVENTUD LOS LIBROS ME
GUSTABAN TANTO COMO LAS PELÍCULAS
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truffaut |
Actualmente, y sobre
todo después de los acontecimientos de mayo del 68, se expresan ciertas
ideas de moda que no me interesan, sin duda porque soy un autodidacta...
¿Cómo explicarlo?... Digamos que, sobre las cosas esenciales de la vida,
no tengo ningún sentido paradójico; no me gusta. Tengo ideas muy
elementales, muy simples y muy firmes sobre cierto número de puntos
esenciales. Por ejemplo, se ironiza a veces sobre el libro de bolsillo. Se
habla de él como de un objeto de la sociedad de consumo, se critica su
difusión en los grandes almacenes; yo encuentro estos argumentos
completamente ridículos y snobs. Si adoptase un punto de vista sarcástico
sobre este asunto, renegaría de mí mismo porque yo empecé a leer en los
"clásicos Fayard", que eran libritos a buen precio, muy mal impresos, en
papel malo, con la letra muy pequeña, a veces con páginas tan grises que
eran casi ilegibles, y una cubierta de papel que se rompía fácilmente...
Pero su catálogo era absolutamente fantástico: por orden alfabético iba
desde Aristófanes a Zola, con una sección especial de las obras completas
de Victor Hugo. Así leí realmente mucho, porque estos libritos podían
conseguirse por cincuenta céntimos.
(Set de 'El niño
salvaje')
A las preguntas que el público se hace sobre el tema "¿Cómo se rueda un
film?" he querido pues, con 'La noche americana', dar respuestas visuales,
las únicas posibles y he aquí sin embargo que este film se convierte en un
libro. Films-libros, libros-films, tal es el engranaje de mi vida puesto
que mi amor gemelo por los libros y por los films me ha llevado a rodar
'Jules et Jim', homenaje a un libro particular, o también 'Farenheit 451'
que los engloba a todos.
('La
noche americana', libro)
Los abogados hollywoodenses de la Universal querían que no se quemaran los
libros de Faulkner, Sartre, Proust, Genet, Salinger, Audiberti...:
"Limítese a los libros que pertenezcan al dominio público", dicen por
temor a eventuales procesos. Eso sería absurdo. He consultado a un abogado
de Londres que afirma: "Ningún problema. Tiene usted todo el derecho de
citar todos los títulos y autores que quiera". Habrán tantas citas en 'Farenheit
451' como en los once films de Godard juntos... Sólo hoy me he dado cuenta
de que es imposible dejar caer los libros fuera de cuadro en esta
película. Debo acompañar su caída hasta el suelo. Los libros son aquí
personajes, y cortar su trayecto equivale a dejar fuera de cuadro la
cabeza de un actor. Notaba que algunos planos de la película eran malos
desde el principio y ahora comprendo que era a causa de esto.
(Set de
'Farenheit 451')
Hace ya mucho tiempo que la crítica y el gran público se han librado del
prejuicio de enjuiciar negativamente las películas inspiradas en novelas
famosas. Está admitida hoy la infidelidad tanto al espíritu como a la
letra. Se sabe, pues, que no hay problemas de ese tipo en las
adaptaciones. Sin embargo, pienso yo que si el realizador confiesa haberse
inspirado en un
libro para hacer "otra cosa distinta", esta cosa distinta debe estar a la
misma altura que la obra original. En otras palabras, no es admisible el
simple empequeñecimiento de la obra adaptada. Es el único criterio que
propugno.
('Las
películas de mi vida')
...Suponen que existen en la novela adaptada escenas rodables e irrodables
y en lugar de suprimir éstas (como se hacía no hace mucho), creen que es
necesario inventar escenas equivalentes, es decir, unas que el autor de la
novela hubiese escrito para el cine. Esto es lo que me molesta de este
famoso procedimiento de la equivalencia, porque yo no estoy seguro de lo
que en una novela son escenas irrodables, y menos seguro todavía de que
las escenas decretadas irrodables lo sean para todo el mundo.
('Cahiers
du cinéma', número 31, 1954)
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