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   5. LA REALIZACIÓN DE UNA PELÍCULA ES UN MISTERIO (II)

truffaut


 

Para mantener a lo largo de sus películas ese desequilibrio que engendra una tensión nerviosa, Hitchcock se ve obligado lógicamente a sacrificar la mayoría de las escenas indispensables en un film psicológico (escenas de planteamiento, nudo y desenlace) porque le aburre mortalmente rodarlas. Hitchcock se siente, pues, inclinado a descuidar la verosimilitud de la intriga, e incluso a odiarla, sobre todo desde que existe una generación de espectadores, falsamente preparados, que no admiten más que argumentos que sean creíbles histórica, sociológica y psicológicamente.

('Las películas de mi vida')


 

Eric Rohmer y Claude Chabrol lo han definido muy bien: Alfred Hitchcock no es ni un narrador de historias ni un esteta, sino "uno de los más grandes inventores de formas de toda la Historia del Cine. Posiblemente, sólo Murnau y Eisenstein se le pueden comparar en este aspecto... La forma aquí no adorna el contenido, lo crea".

('El cine según Hitchcock')


 

Renoir y Rossellini son los más grandes directores de cine contemporáneos porque rebasan frecuentemente la barrera del sonido; es en este salto donde se afirma su genio. Traspasar la barrera del sonido, aquí es pasar de lo falso a algo más real incluso que lo real.

('Cahiers du cinéma', número 39, 1954)


 

Prefiero en primer lugar a Renoir. Después a Rossellini y a Hitchcock. Y otros muchos en el fondo: Hawks, Cukor, Sturges... El cine americano me parece el más importante del mundo. Por todo: por técnica, por inspiración, por libertad de concepción, dirección de actores...

('Film Ideal', número 92, 1962)


 

¿Me ha influenciado Rossellini? Sí, su rigor, seriedad, su lógica han apagado un poco mi entusiasmo pazguato por el cine americano. Rossellini detesta los genéricos astutos, las escenas que preceden al genérico, los flash-back y, en general, todo lo que es ornamental, todo lo que no está al servicio del sentido de la película o del carácter de los personajes. Si en alguna de mis películas he tratado de seguir con la cámara y honradamente a un único personaje y de una manera casi documental, se lo debo a él. Dejando a un lado a Vigo, Rossellini es el único cineasta que ha filmado a los adolescentes sin ternurismos, y 'Los cuatrocientos golpes' debe mucho a 'Alemania, año cero'.

('Las películas de mi vida')


 

Renoir y Hitchcock son los directores que prefiero. Renoir ha dado siempre la preferencia al personaje y para que el personaje fuera lo más auténtico y vivo posible, ha sacrificado a veces las situaciones. Con Hitchcock ocurre exactamente lo contrario: las situaciones son tan fuertes que lo que se sacrifica es la vida, la verdad; en una palabra, los personajes. Por eso me ha parecido siempre que se debería encontrar una forma de equilibrio entre los dos: encontrar a personajes muy vivos metidos en situaciones muy intensas. ¿Cuál es la lección de Hitchcock? Hitchcock ha descubierto cómo impedir que el espectador deje la sala antes de que termine la película. Mi sueño es el de conciliar estos extremos aparentemente opuestos como Renoir, que detesta el "suspense", y Hitchcock, que detesta las situaciones vagas.

('Fotogramas', 1976)


 

La influencia de Renoir y Hitchcock es la más fuerte. La de Hitchcock porque él ha tenido siempre miedo de no ser comprendido; ha hecho muchas investigaciones sobre la importancia de hacerse entender, sobre cómo conseguir que el cine sea mágico; Hitchcock ha investigado mucho en este aspecto al hacer una presentación de los elementos más sobrecogedora, más emocionante que otros cineastas. Por el contrario, Renoir es más interesante desde otro punto de vista: es el cineasta que mejor ha mostrado las relaciones entre los hombres y las mujeres, y es también el más sensible a la realidad de las ambiciones humanas. Renoir es muy sensible a la vanidad de la ambición humana. Por todo esto, yo creo que tengo la influencia de los dos".

('Dirigido por...', número 46, 1977)


 

La gran diferencia entre las películas europeas y las de Hollywood -y esto vale también para la obra de Renoir- es que nuestras películas son ante todo films de personajes, mientras que las americanas son, en primer lugar, films de situaciones. En Francia se respeta mucho la verosimilitud, la psicología, mientras los americanos le prestan escasa atención prefiriendo dar a las situaciones un tratamiento vigoroso sin apartarse un ápice del punto de partida. Una película a fin de cuentas es sólo una tira de celuloide de dos mil metros que desfila ante nuestra mirada. Se podría comparar a un viaje. Según esto, las películas francesas son como un carromato por un camino abrupto, mientras que las películas norteamericanas se deslizan como un tren por el carril, suavemente. 'The woman on the beach' de Renoir es una película-tren.

('Las películas de mi vida')


 

En Francia si un periodista pregunta a un cineasta: "¿De qué trata su película?", éste empezará a resumir su historia como si fuera la primera vez que la cuenta. En América es diferente. Tienen el sentido de la abstracción, del concepto, y saben muy bien que todas las situaciones dramáticas ya han sido explotadas. Entonces os pregunta: "¿Qué película va a hacer usted?". Usted les dice el título y ellos añaden: "¿Quién es él y quién es ella?". Les parece evidente que todas las películas cuentan la historia de un hombre y una mujer que se encuentran, se enfrentan, luego se gustan y se casan al final. La única cosa que cambia de una película a otra es el "background". Así que, cuando les has dicho el título y el nombre de la pareja protagonista, te preguntan: "¿En qué medio se desarrolla la historia?" Y puede que sea en un campo petrolífero, en el mundillo de las carreras automovilísticas, en una base militar o en Corea. Una vez sabido esto ya lo saben todo sobre la película. Desde hace mucho tiempo están familiarizados con la idea de que todas las películas cuentan la misma historia. Creo que en mis primeras películas quería convencer. Mostraba comportamientos "reprensibles" con la intención de hacerlos aceptables. Después, no sé en qué momento, me interesé por los comportamientos exaltados, por los personajes movidos por una idea fija, siempre con la intención de hacerlos amar. En el fondo me pregunto si lo que diferencia al cine europeo del americano no reside en esto: para los cineastas americanos, la puesta en escena consiste en reforzar el guión; para los europeos, la puesta en escena consiste en contradecir el guión.

('Casablanca, números 1 y 2, 1980)


 

A cuantos fastidia la admiración que los jóvenes cinéfilos prestan al cine americano, hay que decirles que se fijen en que las mejores películas de Hollywood están a veces filmadas por el inglés Alfred Hitchcock, el griego Kazan, el danés Sirk, el húngaro Benedek, el italiano Capra, el ruso Milestone, y los vieneses Preminger, Ulmer, Zinnemann, Wilder, Stenberg y Fritz Lang.

('Las películas de mi vida')


 

Me parece que los cineastas europeos aportan al cine americano algo que los directores hollywoodenses no podrían dar; cierta mirada muy crítica sobre América. Y esto hace a menudo su trabajo doblemente interesante. Detalles que raramente se encuentran en Howard Hawks y Leo McCarey pero sí en Lubitsch, Billy Wilder, Fritz Lang... observaciones críticas sobre la vida americana. Además, los emigrados llevan consigo también su folklore.

('El cine según Hitchcock')


 

Es buena cosa que a uno le guste el cine americano. Pero otra muy distinta hacer películas francesas como si fueran americanas. Eso es más discutible, y yo no voy a atacar ahora a nadie subrepticiamente cuando yo mismo he caído dos o tres veces en esa trampa.

('Las películas de mi vida')


 

Hecho de menos el cine americano ciertamente, pero no es preciso creer que el cine europeo debe hacerse sobre aquellos cánones. Desde ese punto de vista yo creo siempre en el cine de autor.

('L'Express', 883, mayo 1968)


 

Fue precisamente Renoir quien me enseñó que el actor que interpreta un personaje es más importante que el personaje, o si se prefiere, que hay que sacrificar lo abstracto en aras de lo concreto.

('Les adventures d'Antoine Doinel')


 

La idea de que lo que está vivo cuenta más que lo que es teórico: este tipo de teoría viene de Renoir, pero yo también lo he sentido siempre. La idea, en fin, de que los caprichos pueden provocar mejoras, que pueden servir para enriquecer el film en lugar de empobrecerlo.

('Cinematographe', número 3, 1973)


 

Para ciertos papeles me gusta elegir actores conocidos; para otros, actores desconocidos; y en algunos casos, actores amateurs; por gusto, tengo tendencia a preferir los instintivos a los profesionales, pero no es una regla. Me siento culpable de no ser muy científico en mi comportamiento con el actor: 1) Le doy a leer el guión y le pregunto si desea interpretar el papel previsto. 2) Si acepta, evito encontrarle hasta el primer día de rodaje (como si se tratara de una cita a la que no se debe llegar antes de la hora exacta). 3) Cuando comenzamos a rodar, yo le dejo hacer su idea. 4) Si la interpretación me parece buena, digo "¡Corta! Está bien". 5) Si me parece mala, invito al actor a un rincón y repetimos en voz baja. 6) Si la interpretación es siempre mala, pido a mi ayudante que venga a trabajar por la tarde conmigo y cambiamos el guión. Felizmente, rara vez llegan al punto seis. Puedo hacer repeticiones individualmente, cara a cara, con tal o cual actor, antes de elegirlo o durante el rodaje. No digo que esto sea malo, y estoy seguro de que films muy buenos han sido hechos así, pero a mí no me gusta porque jamás he aceptado hacer de la puesta en escena un teatro. Creo que el cine es un arte mucho más íntimo que el teatro, por eso precisamente el método de trabajo ha de ser más íntimo. El conjunto del equipo y los otros actores no tienen necesidad de escuchar lo que yo sugiero a un actor para hacerle modificar cualquier cosa. He aquí un ejemplo: Tengo una escena que interpreta un muchacho y una muchacha de dieciocho años, son dos jóvenes actores sin experiencia, pero llenos de buena voluntad. Les dejo actuar y me hacen una interpretación sentido pero falta de vitalidad. Tomo al muchacho aparte y le digo: "Tú tienes dieciocho años, pero yo quisiera que interpretaras esta escena como si tuvieras veinticinco. Después de todo esa joven no es más que una niña, pero tú eres un hombre y debes hacerlo notar en tu interpretación". A continuación, llamo a la muchacha y le digo: "Debes interpretar esta escena no como una joven, sino como una mujer; ese muchacho es todavía un niño, no conoce la vida, tú sí. ¡Vamos a ello!". Se reemprende el rodaje y obtengo una escena magníficamente interpretada, mucho mejor interpretada que si hubiera dado estas indicaciones colectivamente y en voz alta.

('Tay Garnett, Portraits de Cinéastes', 1981)


 

Yo quiero mucho a los actores, pero me he dicho de una vez por todas que el texto que les doy es mejor que el que ellos se inventan. Sabed, se cometió un error al comienzo de la Nouvelle Vague: llamar a los personajes por los nombres de los actores. Esto era una coquetería que se practicó en el debut y que considero un error. Yo mismo lo hice en 'Les mistons'. Los actores tienen necesidad de interpretar a otro.

('Cinematographe', número 44, 1979)


 

El director está obligado a preocuparse de los actores; es el punto fuerte del rodaje. Pero más importante que la dirección de actores es su elección. Porque si uno se ha equivocado, hay que rehacerlo todo, hay que rescribir los diálogos, hay que procurar que el actor se sirva de ellos de manera adecuada.

 

('Film Ideal', 220-221, 1970)


 

     

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