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2. TODO EL MUNDO TIENE DOS OFICIOS: EL SUYO PROPIO Y EL DE CRÍTICO DE CINE
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truffaut |
Se llega a ser critico por azar, tras haber fracasado en la literatura, en
la enseñanza, en la publicidad o en la soldadura autógena. Si el ejercicio
de la crítica resulta admisible es bajo condición de enfocarlo como un
trabajo provisional, una fase transitoria... Lo ideal sería escribir tan
sólo sobre cineastas que nos gustan.... Cuando nos encontramos ante un
creador digno de tal nombre no podemos hacer otra cosa que dar vueltas en
torno a su film como una mariposa en torno a una luz. Y sin embargo, creo
que debemos adoptar una actitud respetuosa y humilde con respecto a
aquellas
obras que están por encima de nosotros, paliando nuestra insuficiencia con
numerosas visiones sucesivas; debemos considerar la exigencia como un
valor
seguro. Conviene denunciar la vulgaridad, necedad y bajeza de inspiración
de
todos los films poco sinceros. El crítico debería ser, en general, el
intermediario entre el autor y el público, explicando al segundo las
intenciones del primero, dando a conocer al primero las reacciones del
segundo, ayudando a uno y a otro a ver más claro. Para esto, es preciso
poder remontarse hasta las intenciones y adivinar al hombre tras el film,
al
artista tras el debutante, lo cual no siempre es tarea fácil.
('Arts', número
621, mayo 1957)
Observé que, por definición, los críticos no tienen imaginación y es
normal.
Un crítico demasiado imaginativo ya no podría ser objetivo. Precisamente
la
ausencia de esa imaginación es lo que les hace preferir las obras muy
sobrias, muy desnudas, las que les dan la sensación de que podrían ser
casi
sus autores. Por ejemplo, un crítico puede ser capaz de escribir el guión
de
'Ladrón de bicicletas', pero no el de 'Con la muerte en los talones' y
forzosamente, llega a la conclusión de que 'Ladrón de bicicletas' tiene
todos los méritos y 'Con la muerte en los talones' no tiene ninguno.
('El
cine según Hitchcock')
Lamentamos que los festivaleros, los productores, distribuidores,
técnicos,
actores y críticos tengan la manía desenfrenada de contribuir a la
creación
de las películas con la negativa aportación de tijeretazos. Después de
cada
film proyectado aquí, he oído: "No está mal, pero se le podía cortar media
hora". Lo que viene a significar a veces: "Con un par de tijeras, me
comprometo a salvar la película". Con las tijeras en la mano todo el mundo
descubre su vocación de autor de cine. Y eso me parece odioso. Soy
partidario de defender o atacar las películas en bloque. La intención, el
tono, el estilo y el pulso están por encima del mezquino recuento de
escenas
buenas y escenas menos buenas (...) El artista, una vez que ha sido
reconocido como tal, rechaza sordamente que la crítica tenga alguna
función.
La actitud más lamentable de un hombre público es jugar con estas dos cartas: 1) Desprecio a la prensa. 2) Ni siquiera la leo.
('Las películas
de
mi vida', 1976)
No teniendo ninguna formación universitaria, no dispongo de vocabulario
que
me permita emitir un juicio sobre el estructuralismo. Puedo solamente
decirle que André Bazin era un hombre extraordinario que merecía la pena
conocer, que lo que él escribía era sutil, pero accesible a todos. Yo era
soldador al acetileno cuando descubrí sus artículos. Bazin comprendía todo
y
a todo el mundo. No era un doctrinario, sino una inteligencia libre. No
encuentro su claridad, su lógica, la fuerza de sus razonamientos, en
ningún
crítico de cine de hoy.
('Cinestudio', número 126, 1976)
No me gusta responder a preguntas concretas. No es posible opinar sobre
films vistos hace diez o cuatro años, cambia por completo la perspectiva.
Prefiero decir que no he visto una película si solamente la he visto una
vez. Creo que el problema del recuerdo es el problema del cine.
('Cinestudio', número 96, 1971)
Cuando era cinéfilo adolescente y vi 'Ciudadano Kane', el personaje
central
del film me llenaba de admiración. Me parecía que era un hombre importante
y
famoso. Mezclaba en la misma idolatría a Orson Welles y a Charles Foster
Kane. Pensaba que la película alababa la ambición y el poder. Después, al
ver muchas veces la película, convertido ya en crítico de cine y por tanto
acostumbrado a analizar mis gustos, descubrí el aspecto crítico, la carta
de
denuncia de 'Ciudadano Kane'. Me di cuenta de que el personaje con el que
había que estar de acuerdo era el interpretado por Joseph Cotten.
Comprendí
que la película mostraba el lado ridículo del éxito social. Ahora que soy
director de cine y vuelvo a ver quizá por trigésima vez 'Ciudadano Kane'
lo
que más me impresiona es su ambivalencia como cuento de hadas y la fábula
moral.
('Las películas de mi vida', 1976)
Cuando era crítico pensaba que una película para estar lograda debía
expresar simultáneamente una concepción del mundo y una concepción del
cine.
Ya no soy crítico de cine y sé que resulta pretencioso escribir sobre una
película que solamente he visto tres veces, pero se trata de unas primeras
impresiones, de algo que me gustaría compartir. ¿Fui buen crítico? No lo
sé,
pero de lo que estoy seguro es de que siempre me colocaba del lado de los
pateados contra los pateadores.
('Las
películas de mi vida', 1976)
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