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Para
un director que admitió preferir las películas y las novelas a la
vida misma, el hecho de contraponer estas dos dimensiones en su
terreno más directo supone una interesente aproximación del
problema. En un momento de la película, ante la indecisión de uno de
los actores de abandonarlo todo por un amor tambaleante, Truffaut
pone en boca de Jacqueline Bisset lo siguiente: "...Las películas
son más armoniosas que la vida, Alphonse. No hay atascos en los
films, no hay tiempos muertos. Las películas avanzan como los
trenes, ¿lo comprendes?, igual que los trenes en la noche. Las
gentes como tú, como yo, estamos hechas para ser felices en el
trabajo... en nuestro trabajo de cine".

Y
a la vez, la película nos enseña mediante respuestas estrictamente
visuales -memorables en la secuencia inicial- el modo en que se hace
una película, los pormenores y rutinas que preceden al "cámara,
acción" y la telaraña de relaciones personales y profesionales que
se levantan y caen durante un rodaje cinematográfico.
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