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En
1957 y con Rosellini como padrino de bodas, Truffaut se casa
civilmente con Madelaine Morgenstern, hija de Ignace Morgenstern,
propietario de una importante sociedad de producción, y gracias al
cual podrá poner en pie su primer largometraje, "Les quatre cents
coups", dos años más tarde. El Joven cineasta, a fuerza de ver
películas y de amarlas siente el deseo de realizarlas, ya no iba al
cine por azar sino con la voluntad expresa de hacer películas. Tanto
para Truffaut como para otros cineastas franceses de la época el
hecho de ir al cine suponía un auténtico proceso de creación, donde
el consumo de filmes era meticulosamente reflexionado, se degustaba
y sin ningún tipo de experiencia profesional o técnica se lanzaban a
hacer películas, lo que suponía un inconveniente y pero sin duda una
gran ventaja. Podían inventar. Y en este entorno nace la que para
muchos es la punta de lanza de la Nouvelle Vague francesa y obra
maestra del director.
Con
un presupuesto inicial de unos cuarenta millones de francos antiguos
(muy poco en comparación con el gasto medio de cualquier otro largo
de la época) Ignace Morgenstern emprende esta producción para su
yerno. Pero Truffaut, prefiere desligarse de la empresa de su suegro
y crea con apoyo estatal su propia sociedad de producción, Les Films
Du Carrosse (en homenaje a la película de Renoir "La Carrosse d´or")
que le acompañará durante el resto de su carrera, y que utilizó la
sociedad de Morgenstern como aval en sus inicios.
El
concepto que tiene Truffaut de director de cine, de auténtico autor
cinematográfico defendido en su etapa como crítico, cobra pleno
sentido en cuanto a la libertad de la elección del tema y que el
guión emprendido esté plenamente identificado y sentido por el
realizador. Y vemos que en su primer largometraje la identificación
no puede ser más completa. La infancia y mas en concreto la historia
de su propia infancia sirve de motivo para la película. Todo arranca
con una historia corta que tenía preparada, "La fuga de Antoine",
historia sencilla y de estructura clásica que narra la trayectoria
de un niño que miente en el colegio y no quiere regresar a su casa
por miedo al castigo. Truffaut se inclina por este argumento para su
película y lo completa con su propia memoria, plagando la trama de
sus recuerdos, que por su propia naturaleza son inconexos y que le
sobrevienen sin saber integrarlos estructuradamente en la narración.
Y es aquí donde pide ayuda a Marcel Moussy, guionista de televisión
y novelista que ayuda al inexperto Truffaut en la tarea de vertebrar
la historia y construir diálogos, junto con la ayuda del pequeño
Jean Pierre Léaud al que dan libertad total para convertir las
frases escritas a sus propias palabras. Esto es muy a tener en
cuenta por el primer Truffaut, preocupado tanto por dar una
veracidad al mundo y a los sentimientos de los personajes, como por
no olvidar nunca la construcción del relato, estableciendo siempre
una estructura dramática perfectamente articulada.
 Para
escoger al pequeño Antoine Doinel, publicaron un anuncio en el
France-Soir, respondida por mas de doscientas cartas. Truffaut
elimina los candidatos provinciales reduciendo la lista a unos
sesenta. Realiza pruebas con cámara de 16mm y Jean Pierre léaud se
destaca sensiblemente del resto obteniendo el papel protagonista. Al
resto se les da papeles de figurantes y secundarios. Léaud, con solo
catorce años y un pequeño papel anterior en una película de George
Lampin, cautivó en la elección por su impresión de intensidad, de
nerviosismo, que no ocultaba una violencia interior, a lo que hay
que sumar que su propia vida ya era problemática, al igual que su
personaje y al igual que la infancia de su propio creador, logrando
así una identificación plena durante el rodaje, aunque Truffaut
confesaba que el personaje de Doinel era más agresivo y arrogante de
lo sumiso y humilde que era él mismo en su adolescencia. Pero aún
así Truffaut consigue hacer de Doinel su alter ego; como él mismo
decía: "Antoine Doinel es todavía el mismo personaje, bastante cerca
de mí sin ser yo, bastante cerca de Jean Pierre Léaud sin ser Jean
Pierre Léaud. El personaje de ficción Antoine Doinel es, pues, una
mezcla de dos personajes reales, François Truffaut y Jean Pierre
Léaud". A partir de esta película, Doinel-Léaud-Truffaut
protagonizan toda una serie de filmes que han resultado ser una de
las mas bellas trayectorias cinematográficas de un mismo personaje y
director: "Les quatre cents coups", "L´amour à vingt ans", "Baisers
volés", "Domicile conjugal" y "L´amour en fuite". Y como podremos
ver en los episodios de este personaje, todo lo representado tiene
mucho que ver con la propia vida del director, y son claras las
coincidencias con su propia biografía, poniendo en boca de Doinel su
propia visión del mundo. Si leemos al Truffaut adolescente recluido
en un centro de menores escribir: "...mi vida hasta la fecha ha sido
banal, nací el 6 de febrero de 1932, hoy es 6 de marzo de 1949,
tengo diecisiete años un mes y seis días, he comido casi todos los
días y he podido dormir casi todas las noches, he trabajado ya
demasiado. No he tenido satisfacciones ni alegrías. Amo el arte y
particularmente el cine, considero al trabajo como una mera
necesidad y a aquellos que no aman su trabajo como quienes no saben
vivir, detesto las aventuras y trato de evitarlas. Tres películas
por día, tres libros por semana y la música de los grandes me
bastarán hasta el día de mi muerte a la que temo. Mis padres lo son
por azar y los considero como a extraños. No creo en la amistad ni
en la paz. Si miro por demasiado tiempo al cielo, la tierra me
parece un lugar horrible"... es difícil no ver a Doinel venerando a
escondidas a Balzac, o con la mirada perdida entre las putas del
calabozo de una comisaría.
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