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Truffaut,
conmovido desde siempre con la literatura del poco conocido Henri
Pierre Roché, lleva a la práctica un deseo que arrastraba desde
mucho tiempo: La adaptación cinematográfica de su obra Jules et Jim.
Le seducía especialmente su prosa poética articulada con muy poco
vocabulario, como él mismo decía "donde la emoción nace de la nada,
del vacío", donde lo misterioso es la clave del relato. Escritor y
cineasta llegaron a conocerse y a planear una adaptación, pero un
Roché octogenario murió antes de llegar a ver finalizado este
proyecto, como tampoco llegó a ver otra obra suya que Truffaut llevó
magistralmente a la pantalla "Les deux anglaises et le continent".
 Largometraje
que aborda la amistad y la ternura, aún sin olvidarse del amor
carnal pero siempre sometido al dominio del corazón, lo que da ese
gusto ambivalente de felicidad y desgracia enmarcado en una relación
a tres. Cada uno la amó, y ella los amó, sin que jamás pusiera en
juego su amistad, que sobrevivió también a la guerra mundial. Como
el propio Truffaut escribía en 1962 en Le Monde: "En la película hay
una canción que se llama «el torbellino de la vida», ella indica el
tono y revela la clave. Quizá porque fue escrita por un anciano,
Henri-Pierre
Roché,
yo considero que Jules et Jim es un himno a la vida. Por esta razón,
quise crear una impresión de gran lapso de tiempo marcado por el
nacimiento de los niños, pero también cortado por la guerra, por la
muerte, que dan una significación más completa a una existencia
entera. Quizás era ambicioso hacer una película de viejo, pero esta
distancia me ha fascinado, y me permitía llegar a un cierto
desapego"
La
película gira en torno a Catherine, misteriosa y fascinante,
indescifrable criatura encarnada por una esencial Jeanne Moreau
definitivamente consagrada con esta interpretación. Nos es mostrada
en escena como estudiante francesa una vez hemos conocido los
detalles de la amistad entre Jules y Jim en un París efervescente
inmediatamente anterior a la primera guerra mundial y prefigurada
como una enigmática escultura en una isla del Adriático, con una
sonrisa recibida por los amigos como todo un ideal estético y vital,
como algo que en el caso de conseguirse nunca debería ser perdido.
Inevitablemente la aparición se produce y les resulta igualmente
enigmática e incomprensible bajo la superficie, pero manteniendo
intacta la fascinación en ambos. Disfrutando en el comienzo de muy
buenos momentos todos juntos (excepcionalmente rodados), hasta que
Jules plantea que quiere a Catherine para él. Jim acepta a pesar de
desearla igualmente, en favor de la amistad que mantiene con
Jules... y a partir de aquí, Truffaut despliega al espectador todo
un abanico de situaciones donde la emoción y la comprensión mutua,
la ternura y un sincero afecto entre personajes marcan la dinámica
de una película de final trágico, donde la alegría de vivir y la
confianza tiene su constante contrapunto del dolor y del temor, de
la que Jean Renoir confesó haber sentido envidia de no haber
realizado él mismo. |
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