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La piel suave
Farenheit 451
La novia
vestía de negro
Besos robados
La
sirena del Mississippi
El pequño
salvaje
Domicilio
Conyugal
Las
dos inglesas y el amor |
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LAS DOS INGLESAS Y EL AMOR
(1971) |
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Les deux
anglaises et le continent (1971) |
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.
A
comienzos del siglo XX, Claude, un joven escritor francés, conoce en
París a Anne, una chica británica, que se encuentra estudiando en el
continente. La joven lo invita a pasar unas vacaciones en Inglaterra,
con su madre, y es allí donde conoce a Muriel, la hermana pequeña de
Anne. Entre los tres surge una estrecha amistad, que desemboca en un
triángulo amoroso. Pasiones encontradas, rupturas, ilusiones e
infidelidades se van sucediendo a lo largo de veinte años.
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Cerca
de diez años han pasado desde Jules et Jim cuando Truffaut decide
volver a Henri-Pierre Roché con el que ha mantenido una particular
relación epistolar para levantar uno de sus filmes más delicados y
sensibles, y del que termina guardando un emocionado recuerdo y
siempre aludió como la que tal vez fuera su gran obra maestra.
El
cineasta tuvo acceso a las notas manuscritas de Roché que sirvieron
de base a la novela original y de las que Truffaut recoge esa
atmósfera que nos hace pensar en la vida de las hermanas Brönte, que
sirven para caracterizar a las protagonistas de la película: Muriel
y su puritanismo febril -Emily Brönte- y Anne, más terrenal y
avanzada, vital y arrebatada -Charlotte Brönte-.
Magníficamente
fotografiada con paleta suave por Nestor Almendros que evoca las
clásicas Technicolor y con una bellísima banda sonora de Delerue, de
partitura muy lírica pero con ribetes trágicos que saben marcar la
contraposición del mundo victoriano, puritano e indolentemente
benigno con el horizonte de una nueva década en un París
impresionista y prometedor. Almendros-Delerue hacen de esa mágica
mezcla de imagen y sonido -unida a la puesta en escena inspiradísima
de Truffaut- la que podría ser la equivalencia cinematográfica jamás
conseguida de los pinturas de Cezanne y Renoir.
Y
como tema el amor, un amor que el mismo Claude confiesa al principio
de la película debe ser físico, y afirmación que Truffaut quiso al
comenzar como motivo de la película, pero obtuvo más. Los
sentimientos entre Claude, Anne y Muriel se van tornando trágicos,
sensuales, románticos, puros, absolutos, imposibles, físicos... con
una trama consistente en un clímax seguido de otro clímax, donde el
amor crece parejo a la tensión cinematográfica cuyo final despide
una honestidad pocas veces vista en el cine.

Lamentablemente
supuso un estrepitoso fracaso comercial y fue muy maltratada por la
crítica, llevando a Truffaut a intentar nuevos montajes sin éxito.
Hubo que esperar a su reestreno en 1985 (ya muerto Truffaut) con el
montaje original para que fuese reconocida como la gran obra de arte
que siempre fue.
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